La entrega de los premios Grammy a la música coronó a Adele como nueva reina, a la vez que otra estrella concentró la atención en paralelo: la recientemente fallecida Whitney Houston.
Y hubo más mujeres alzando la voz, pero fuera de escena, en protesta por lo que consideraron una decisión poco afortunada de la Academia de Grabación, organizadora del evento: la de convocar al cantante urbano Chris Brown para una doble actuación, después de que en 2009 se cancelara su performance tras un episodio de violencia doméstica contra su entonces pareja, la cantante Rihanna.
Pero vamos por partes. La británica Adele fue sin dudas la figura, al conseguir seis gramófonos dorados, todos a los que podía aspirar e incluidos los de la codiciada “trifecta de oro”: grabación, canción y álbum del año.
A los 23 años, la cantante de voz poderosa logró así equiparar el récord del mayor número de Grammy acumulados por una artista femenina en una sola entrega, que Beyonce estableció en 2010.
“¡Mamá, tu nena lo ha hecho bien!”, gritó al micrófono al recibir uno de los galardones y dedicárselo a su madre.
Con su disco “21” y el sencillo “Rolling In The Deep” sobre las espaldas, Adele ha sido la artista más redituable para la industria discográfica en 2011, con 6 millones de copias del álbum vendidas en Estados Unidos y 17 millones a nivel mundial.
“Este disco está inspirado en algo que todos los que lo han pasado conocen muy bien: el haber estado en una relación sentimental de porquería”, expresó la británica, después de controlar el llanto y los temblores.
La gala organizada por la Academia de Grabación estadounidense marcó también el regreso de Adele a su arte, después de haber sido operada por un pólipo benigno en la garganta y de haberse visto obligada a descansar las cuerdas vocales por 9 meses.
Pero la “noche de Adele” tal como la habían anticipado los críticos musicales sufrió un cambio de último momento: quedó marcada por el tono de congoja que se coló en la alfombra roja y el auditorio en pleno.

Ocurrió tras la inesperada muerte de Whitney Houston, el sábado por la tarde, que obligó a la Academia de Grabación a reformular el show, uno de los eventos televisados de mayor audiencia en Estados Unidos.
Y lo hizo con un homenaje en la voz de Jennifer Hudson, quien cantó el “I Will Always Love You” que Houston hiciera himno acompañada de un piano y marcando uno de los momentos más emotivos, junto a una oración especial por el descanso “de nuestra hermana caída”, al comienzo de la gala.
La multipremiada artista –ganadora del Grammy en seis ocasiones y poseedora de una colección de más de 400 estatuillas, la mayor reunida por una mujer en la industria- fue objeto de menciones improvisadas en los discursos de sus colegas.
A la hora de contar premios, también los Foo Fighters se fueron contentos del Staples Center, con cinco en mano (de seis a los que estaban candidateados) incluidos los de mejor álbum de rock con “Wasting Light” y “Walk” como canción destacada del género.
Con un espacio destacado para la electrónica –la Academia montó una carpa fuera del auditorio con una fiesta dance paralela-, el artista más premiado en este segmento resultó el californiano Skrillex y su álbum “Scary Monsters And Nice Sprites”.
Hubo más, mucho: de Paul McCartney a Coldplay, de los Beach Boys en su regreso al escenario tras dos décadas al set electrónico del Deadmau5 detrás de un gigantesca cabeza de ratón, de la solidez intacta del “jefe” Bruce Springsteen a los extraños exorcismos coreográficos de la joven rapera Nicki Minaj.
Cada año, los Grammy son, además de un reparto de estatuillas, un show-vidriera para algunos de los más grandes representantes de la música y la edición 2012 no fue la excepción.
Fuente: bbcmundo.com







